
Tiny House Colibrí: Minimalismo y naturaleza en Malalcahuello
El proyecto nació en medio de una búsqueda personal: entender cómo se habita cuando el espacio se reduce a lo esencial. Hasta ese momento no conocía el concepto de tiny house, pero al investigarlo descubrí que ponía nombre a algo que ya estaba viviendo: habitaba una cabaña mínima de 18 m² en plena pandemia, donde cada metro cuadrado debía ser pensado y vivido con intención. Ese hallazgo se volvió una oportunidad de reflexión y diseño.

La Tiny House Colibrí se inserta dentro de un emprendimiento de ecoturismo en Malalcahuello, invitando a experimentar un habitar compacto, eficiente y respetuoso con la naturaleza. El desafío fue doble: lograr confort en pocos metros y, al mismo tiempo, que la vivienda pudiera desplazarse sobre ruedas. Desde esa premisa surgió una estructura metálica precisa —una especie de carrocería ligera y robusta— que sostiene el altillo y permite revestir con materiales nobles y eficientes: acero galvanizado, madera nativa y zinc prepintado negro.
En su interior, un fondo blanco evoca la nieve invernal y amplifica la luz, mientras la madera entrega calidez y textura. Cada rincón se diseñó para que el espacio, aunque mínimo, no resultara limitado. Un ejemplo de ello es el baño, concebido como un lugar clave para el confort: se buscó la mayor amplitud posible, evitando la sensación de encierro. Su iluminación cenital permite un ingreso abundante de luz natural sin comprometer la privacidad, logrando una atmósfera luminosa, aireada y cómoda que trasciende la escala reducida.
En apenas 19 m², distribuidos en dos niveles, se integran cocina, estar, comedor y baño en planta baja, y un dormitorio íntimo en el entrepiso. Cada decisión busca condensar lo esencial sin renunciar a calidad espacial ni a la sensación de refugio.
Tiny House Colibrí es más que una pequeña casa: es un ensayo sobre cómo habitar con lo justo y necesario, abierto al paisaje y a la experiencia de vivir más consciente.










